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martes, 26 de marzo de 2013

Referencias Bibliográficas



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Poe, E. (2006) Narraciones Extraordinarias. Editorial Edaf

Epílogo



La correcta actitud en nuestros trabajos es un elemento fundamental para el
bienestar colectivo, ya que a veces somos quienes “atienden” y otras veces somos
quienes son “atendidos”. Esto es un ciclo social.

Si todos trabajamos en función de cumplir con nuestras obligaciones y con orgullo
ejercemos nuestras labores, este será ciertamente un mundo mejor.

Veamos el factor Cliente no como un individuo sino como una situación, como una
oportunidad. El explotar esa oportunidad estará vinculado estrechamente con nuestra
actitud, por ende, debemos prestarnos adecuadamente positivos.

Recordemos que cada uno somos persona y que deseamos ser tratadas como tal,
más allá de las conocidas y básicas normas de urbanismo y buenos hábitos.

Me gustaría, para seguir agregando elementos particulares a este trabajo,
estructurar el final del epílogo a manera de píldoras, para su fácil entendimiento.

− En vez de pensar en Calidad de Atención, pensemos en Calidez de
Atención, siendo eso, cálidos con la gente; mostrándonos amables a pesar
de nuestros posibles problemas personales.

− Es de suma importancia proyectar mucha seguridad y garbo (sin caer en
sobreactuaciones) pues debemos sentirnos orgullosos de nuestro trabajo,
sea cual sea.

− Trabajemos en nuestra disposición y pongamos cuidado a nuestras
expresiones y gestos, ya que nuestro cuerpo también habla y la gente lee
fácilmente ese lenguaje corporal.

− Debemos procurar brindarnos siempre educados para “diferenciarnos” de los
demás.

− No es prudente tomarse a pecho los desaires y faltas de educación por parte
de algunos clientes. Nuestra labor está por encima de eso. No se deje llevar
por el momento: sea inteligente.

− Dese la oportunidad de conocer un poco más sobre la Programación
Neurolingüística (PNL).

− Evite ingerir alimentos y bebidas mientras atiende a un cliente; evite incluso
hacerlo en el área de trabajo.

− Dominemos el arte de conversar siendo simpáticos pero cuidando no ser
imprudentes.

− Trate de ser abierto, no se cierre solo en sus ideas: explore.

− Si laboramos en un ambiente ordenado, en donde los productos son de
buena calidad y están debidamente exhibidos, ya al momento de pensar en
una venta, el 50% del trabajo está hecho.

− Cuidemos no solo nuestro vocabulario sino también nuestra dicción,
expresiones y gestos.

− Debemos ser didácticos y tener mucho tacto al momento en que nos
veamos en la necesidad de explicarle algo a algún cliente. Muchas veces
nos tocará enseñar y debemos hacerlo correctamente.

− Es prudente evitar discusiones delante de terceros. En caso de presentar
diferencias con un compañero de trabajo siempre será mejor resolverlas en
privado.

− Tenga en cuenta que Jefe no es el que obliga, Jefe es el que persuade.

− Evite promover actitudes impropias y no acordes a un entorno laboral
decente.

− Procure en todo momento que sus argumentos sean irrefutables, es decir,
no es lo mismo decir: él es el mejor vendedor, que decir: él es un buen
vendedor; o mejor aún, en vez de decir: yo soy en el mejor en esto o
aquello, decir: yo soy bueno en esto o aquello… De igual manera ocurre
cuando expresamos nuestras opiniones sobre productos o marcas debemos
tener cuidado de que nuestro comentario no se exponga como una
sentencia, sino más bien como una opinión completamente válida. Ejercite
sus argumentos para que sean irrefutables.

− Será prudente que si usted es el jefe o el dueño, promueva la idea de
capacitar a sus empleados en función de las necesidades de la empresa.
Tenga en cuenta que nadie nace aprendido.

− Recordemos siempre que todo es un aprendizaje y actuemos en favor del
colectivo.

“Yo no propongo este escrito sino como una historia, o, si lo prefiere el lector,
como una fábula, en la que, entre algunos ejemplos que se pueden imitar, encontrará tal
vez también otros que, con razón, no serán seguidos, espero que sea útil para algunos
sin ser perjudicial a nadie, y que todos puedan agradecer mi franqueza”.
(René Descartes, El Discurso del Método)

31.- Siempre se puede hacer más



Entiendo racionalmente el Tedio como uno de los enemigos más significativos de la
sociedad futura y le profeso mi más profundo miedo aunado a un sentimiento de
repulsión. Es ésta la droga más moderna de nuestros tiempos. Cada vez es más normal
ver que las personas (en general) busquen su comodidad propia e individual bajo
cualquier excusa.

Siento que bordeamos una era en donde el acceso remoto y la falta de real
interacción se traducirán a posteriori en un incontrolable virtualismo. Muestra de ello es la
utilización de los canales de comunicación a través de la actual tecnología, bien sea
textual o audiovisual.

“Cada vez hablamos menos…” 
(Freddy Fernandes)

La cita se relaciona desde nuestra actitud al expresarnos hasta el manejo del
lenguaje, hablado o escrito. El Fastidio cada vez gana más adeptos, y a las personas ya
les fatiga incluso expresarse; en este sentido, cada vez se vuelve menos común
“intervenir” y el causante no es otro más que ese fantasma llamado: Tedio.

Por otra parte, pero ligado a esto, la calidad de los productos y de los servicios se
verá mermada a raíz de esa lánguida actitud social, no acostumbrada en tiempos
anteriores. De hecho, ya en algunos productos comerciales (específicamente en el área
de alimentos) se nota el descuido de su calidad, “por culpa del fantasma”.

Las nuevas generaciones a pesar de ser híper-activas, paradójicamente carecen
de ese ánimo necesario para emprender alguna labor, incluso una simple acción. Podrán
ser híper-activos, sin embargo, les falta mucho más energía pues su verdadero potencial
es, por falta de asesoría y debido control, mal canalizado.

“Afortunadamente existe la sociedad que tiende al logro gradual de un perfecto
equilibrio entre la imitación y la curiosidad, entre la copia sumisa e irreflexiva y la
experimentación progresiva y racional” 
(Desmond Morris, El Mono Desnudo)

En un día de trabajo se pueden “hacer muchas cosas”, no obstante, es más
preocupante el hecho de “lo que se deja de hacer”. Para darle más sentido a mi
argumento me atreveré a culpar otro factor que irá en detrimento de sociedades futuras:
La Comodidad.

Todo ser humano busca consciente e inconscientemente su comodidad, y muchas
veces se priva de ciertos logros al dejarse llevar por los placeres que ésta (la comodidad)
confiere a sus adictos.

Ya deja de ser común la palabra iniciativa; al contrario, es burlada ante quienes
osan ejercerla y materializarla.

El jefe siempre se mostró activo; incluso estando enfermo, su pasión por el trabajo
no se vio afectada, y mucho menos para su comodidad personal. Solo se ausentaba en
casos en que realmente le era necesario, dedicando su tiempo siempre a actividades
relacionadas con el trabajo, ciertamente productivas.

Se ha tergiversado el verdadero significado de la comodidad. Se le han agregado
muchos más elementos, que definitivamente no pertenecen a ella.

Cada vez es más común ver y hasta permitir ese letargo laboral en los empleados,
falsamente excusado en “falta de motivación”.

Siempre habrá algo que hacer en pro de la empresa. Nuestros esfuerzos no
pueden medirse bajo regulares niveles de exigencia, porque muy dentro de nosotros
mismos, sabemos que aunque un día se preste productivo, aunque un mes arroje buenos
números, aunque estemos haciendo las cosas bien y los demás nos feliciten, aunque
realmente estemos exhaustos de tanto trabajar, la verdad es que: siempre se puede
hacer más…

30.- "Al final uno siempre trabaja para alguien"



Es mi condición, siempre plantear la discusión sobre la problemática que
representa el Sistema Educativo (al menos en mi país) en contraste con las necesidades
de una sociedad moderna.

En mi opinión, la estructura de “asignaciones” o “materias” que se imparten desde
tempranas edades, no se adaptan a las verdaderas exigencias de la sociedad, muy
específicamente dentro del ámbito laboral. Tal aseveración la hago muy consciente de
que pudiese llegar a ser polémica, y la extensión de mi argumento podrá ser leído bajo
otra entrega impresa que desglose no solo la identificación del problema, sino también
una paralela propuesta.

Ahora bien, en resumidas cuentas, opino que nunca se nos enseñó acerca de las
“labores del mañana” más allá de casi amenazarnos con la premisa de “elegir una carrera
universitaria”.

Fíjense qué curioso; la industria del cine, por ejemplo, nos vende la idea de elegir
una película (además de otras muchas herramientas publicitarias) a través de un Trailer o
Sneak Peek en donde se nos da un adelanto, al menos audio visual de lo que será la
película en cuestión. Las escuelas lamentablemente no hacen esto.

Muchos jóvenes juegan a elegir carreras sin siquiera saber un poco sobre cómo
será el ejercerla y por consiguiente cómo será su participación en la sociedad.

¡Deliberadamente son condicionados a convertirse en Empleados!

Mi punto es el siguiente, tal vez usted amigo lector se haya visto en la necesidad
de contratar personal para determinada labor, pues bien, ¿no habrá notado la falta de
información del personal contratado en cuanto a cómo comportarse dentro de un
ambiente de trabajo? ¿No habrá notado usted la falta de Sentido Común ante las
obligaciones asignadas? ¿No habrá pensado acaso que ese o esa joven que acaba de
contratar no tiene la más mínima idea de cómo funciona La Ciudad? ¿Incluso no ha
notado actitudes que pudiesen llegar a ser hasta infantiles? Porque no hacen falta tres
meses de prueba para darse cuenta de ello. Dejo las preguntas abiertas, pero,
ciertamente estamos claros de que esto es un problema cultural.

Por citar algunos puntos importantes a evaluar bajo un nuevo esquema
comparativo:


  • La Capacidad Creativa Vs. La Estimulación
  • La Urbanidad Vs. El Comportamiento
  • La Orientación Geográfica Vs. La Improvisación propia
  • El Espacio laboral Vs. La Actitud del empleado
  • La Ética Vs. Los Valores individuales asumidos


Todos estos son dignos de analizar y contrastar con la realidad de nuestra
sociedad y la actitud de los ciudadanos.

Es preocupante oír a muchos empleados “anhelar” no tener un jefe y ser dueños de
su propio negocio, cuando realmente no presentan las aptitudes para manejar un simple
proyecto y menos aún una Pyme.

En tales situaciones, el jefe comentaba con propiedad: “Uno siempre trabaja para
alguien” explicándole a aquel que soñaba en voz alta con ser “dueño de su propio
negocio” que posiblemente se vería en la necesidad de tener uno o varios socios; que
trabajaría para ellos así como ellos para él, rindiendo cuentas tal y como a un jefe. Y en
caso de ser dueño único, pues trabajaría en función de satisfacer a sus clientes, bajo las
órdenes, peticiones, requerimientos, solicitudes (o como quieran llamarlo) de sus clientes;
y hasta de sus empleados.

Un empleado es como un hijo: hay que vestirlo (Asignación de uniforme) hay estar
pendiente de él (Motivación), hay que enseñarlo (Coaching), hay que cuidarlo para que no
le pase nada (Accidentes Ocupacionales), hay que darles dinero (Pagos, Bonificaciones
y/o Préstamos), hay que entretenerlos (Recreación), hay que enseñarlos (Adiestramiento),
etcétera; por nombrar algunos de entre tantos esfuerzos.

Yo soñaba con “no ser empleado” para no tener que cumplir un horario impuesto.
Pero ahora que no lo soy, y que trabajo en función de mis propias ideas para
transformarlas en ingresos, asumo por convicción mucho más elementos que el simple
cumplimiento de esos horarios que tanto odiaba. Lo veo todo desde otra perspectiva.
Desde la perspectiva del verdadero jefe. De quien si está comprometido con la causa,
importándole por sobre todo alcanzar las metas, de la mejor manera posible.

29.- "No me voy a frenar..."



Nuestra visión debe estar avalada por una fuerza motivacional que nos encamine a
nuestra meta “estratégicamente planteada”.

El desánimo no debe filtrarse en nuestros planes pues, es un factor destructivo
ante cualquier proyecto pensado. Elegir bien nuestros ideales es tan prudente como
luchar por ellos. No obstante, debemos siempre auto-motivarnos, tomando el impulso
desde nosotros mismos para proyectarlo hacia afuera, hacia el mundo, hacia nuestra idea
formada.

Una buena manera de auto-motivarnos es creer firmemente en lo que nos
propongamos para así llevarlo a cabo. Por tal razón debemos trabajar en función de
nuestros verdaderos deseos, no de nuestros caprichos.

En lo particular, muchas veces les comenté a nuestros vendedores que debían
primero “creer” en el producto para poder pensar en “venderlo”. De igual manera ocurre
con las ideas.

Debemos pues “creer” en nosotros mismos para poder “vendernos” a nosotros
mismos y a los demás, con una idea, con un proyecto, con una emoción. Las personas
inseguras son un ejemplo de quienes denotan no haberse vendido por completo a ellos
mismos, para luego proyectarse hacia afuera, hacia el mundo…

Hemos recalcado la importancia que tiene trabajar en algo que nos guste, que sea
de nuestro interés. De esta manera, es más probable que se le preste la debida atención
a lo planteado y que luego se desarrolle exitosamente en la continuidad de nuestros
esfuerzos.

Quiero enfatizar que el elemento motivacional más representativo se encuentra
dentro de nosotros mismos; por ello, es tan importante que nos guste lo que hacemos.

Lograr los objetivos es el ideal pero, para poder “lograr” debemos primero “plantear” y
“planificar” algo que nos estimule desde adentro, no desde afuera.

Cuando al jefe se le metía una idea en la cabeza, sus ganas de materializarla no se
veían mermadas por ninguna circunstancia exterior que dificultase su ejecución. Al
contrario, luchaba aún más por lograr su ideal si el terreno se prestaba difícil o
intransitable. Esquivando de esta manera cuanto obstáculo se interponía frente a su
“idea”.

¿Cuántos de nosotros hemos tal vez dejado algunas ideas inconclusas?
¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo por factores externos insustanciales?
¿Cuántas veces hemos querido ser algo o hacer algo y no lo hemos siquiera
intentado?

Miedos, prejuicios, inseguridad, comentarios de terceros, etcétera, podríamos
enumerar muchos factores que afectan considerablemente el implementar una idea, una
acción, una decisión; que al fin y al cabo es de nosotros y para nosotros.

Entiéndase que la capacidad de “decidir” es una de las virtudes del ser humano; un
elemento estrechamente vinculado a su verdadera y completa Libertad.

Hay mucho por hacer, cada uno de nosotros lo sabemos…

28.- "Déjalo que se dé"



Fuera del contexto laboral, ya en reuniones familiares; los amigos concurríamos a
un lugar elegido y programado para compartir. Así pues toda celebración siempre se
brinda grata en tal contexto. Incluso hasta la más simple excusa para ver unidos a tus
seres queridos, con un fin común: la amistad.

Amigos acompañados de sus amigos, sus esposas y sus hijos, pues bien,
comúnmente es de apreciar a éstos últimos, pequeños al fin, aspirantes a la vida,
jugando en los alrededores de aquel lugar que elegimos para reunirnos.

Como detalles de aquel recuerdo: algunos niños juegan con los demás; otros, tal
vez conscientes de no encontrar compañía contemporánea, (niños de tempranas edades)
dejándose llevar por su instinto de exploración buscan alcanzar cuanto esté a su
proximidad.

Es común apreciar, que muchos padres sobreprotegen a sus pequeños.

Ciertamente un hijo debe significar algo mucho más allá de la razón, pero lo cierto es que
muchos incurren en esto, y como ya he comentado en páginas leídas, todo exceso se
presta nocivo, por ende, el exceso en la atención para un pequeño tampoco será
prudente.

Más específicamente, para no salirnos de la línea de contexto, en una de tantas
reuniones, el hijo del jefe, con una edad no superior a los dos años, jugueteaba con
cuantas cosas encontraba a su paso. Le advirtieron imperativamente no subirse a un área
que estaba lejos de sus posibilidades físicas, más no de sus ganas.

El pequeño fue alertado, sin embargo, la desobediencia (como legado de aquello
pueblos Adán y Eva) forma parte de nuestra naturaleza humana, entonces pues el infante
emprendió su esfuerzo en tratar de subirse a aquella área.

Los que estábamos cerca, cual profetas del desastre aconsejamos retirar al niño de
allí, pues era obvio que no podría alcanzar su objetivo y que terminaría cayéndose o
golpeándose.

Cuando de niños se trata, las cosas se tornan un poco más delicadas, sin
embargo, el jefe atinó con suma tranquilidad: “déjalo que se dé…”

El pequeñín tal vez no sea consciente del peligro, pero a pesar de su edad,
escuchó a sus padres indicándole que no hiciera lo que estaba haciendo.

El resultado es evidentemente predecible, el niño se golpeó al tratar de hacer algo
de lo cual no era capaz y se puso a llorar. Ahora bien, su padre lo tomó y lo miró a los
ojos diciéndole:

-Te dije que te ibas a golpear, no lo hagas más porque te puedes hacer daño…
¡Haz caso!

En los ojos de aquel niño, a pesar de su llanto y de su edad, extraordinariamente
se notaba que había entendido.

Ese “déjalo que se dé” era una frase inconclusa que invitaba a experimentar el
error y aprender de éste.

Casualmente en Psicología se habla del “Estímulo aversivo” en donde la persona
entiende por un contacto o por una experiencia, que a lo que se acercó le produjo un
daño o una reacción desfavorable, y por consiguiente no querrá acercarse o experimentar
de nuevo con tal evento. Quiéralo o no se produjo un aprendizaje.

Las personas, por lo general, no aprenden por error ajeno. Las personas (nosotros)
debemos “darnos” para aprender, sin embargo, existe una gran probabilidad de
interiorizar fracasos impropios, para procurar no caer en ellos ciertamente en edades más
allá de la juventud. Y menos aún reincidir.

A pesar de las edades, algunas veces es mejor “dejar que la persona se dé” para
que escarmiente y comprenda la raíz del problema, encaminándose intrínsecamente a su
salida o reparo.

Cometer errores no es malo, por el contrario, es fuente de aprendizaje; lo que
debemos tener claro es, que lo malo es ser recurrente en ellos.

Dificulto que una persona que nunca haya cometido errores disponga de un
respetable grado de experiencia o conocimiento. No tenga miedo a equivocarse.

27.- "Exceso de plata"



En consonancia con el anterior punto tratado, en situaciones laborales muchas
veces estuve en presencia de ocasiones en las que se solicitaba un servicio a un obrero
(por llamarlo de alguna manera), y tal servicio (aparentemente para el obrero) no
representase una elevada comisión; entonces dicho personaje, para sorpresa de
“nosotros” rechazaba el trabajo ofrecido; a pesar de no presentar ocupación para el
momento, que impidiese ganarse ese trabajo.

Tal vez no solo obreros caen en estas actitudes. Claro está, nos situamos en un
escenario en donde lo que se solicita forma parte de lo que la persona puede brindar, es
decir, está dentro de sus capacidades y de igual manera dentro de sus posibilidades.

Lejos del jefe estaba el explotar vilmente al mencionado empleado, asignando un
valor a sus trabajos por debajo de lo establecido (lo que se conoce como mano de obra),
por el contrario, la suma de dinero tal vez se presentaba atractiva, pero el desánimo y la
desidia simplemente podían más que las ganas de obtener un ingreso adicional en aquel
también hijo de Dios.

En casos como éste el jefe exclamaba asertivamente: “Exceso de plata”,
desconcertado por el hecho de que alguien rechazara una oportunidad más para sí, y
peor aún, no por estar ocupado en otras cosas sino por simple capricho, cediendo la
oportunidad a un tercero.

Casualmente aquellos que rechazaban el trabajo ofrecido habían, de alguna u otra
forma, evolucionado laboralmente y ya destinaban su tiempo a tareas un poco más
complejas; las mismas personas que pocos meses atrás atendían cualquier requerimiento
hasta por el simple hecho de percibir una propina ahora se prestaban selectivos y hasta
pretenciosos, pues hasta ellos mismos muchas veces confesaron tener fastidio. ¡Qué
nivel!

En páginas anteriores hablábamos de la ambición en el mejor de los sentidos, pues
en este caso, la persona que una vez que obtiene una suma de dinero no se preocupe
por un ingreso adicional, o quizás por acrecentarlo, pues está destinada a mantenerse sin
más ni menos. La idea es crecer y obtener en la medida de lo posible cada vez más (sin
caer en avaricia); de la mano con nuestra capacidad de ser realmente productivos.

El resumen de todo esto radica en que lo que antes anhelaban hoy
deliberadamente lo desprecian. Y tal vez los que incurren en esto no gocen de
abundancia monetaria (coyuntural), por el contrario, es probable que manejen
estimaciones bastante conservadoras; pero bajo estas actitudes se proyectarán como un
elemento mediocre, y su exiguo dinero será (ante los ojos conscientes) exceso de plata
para ellos…